Las Cooperativas de vivienda en la Ciudad de Buenos Aires como ejemplo de hábitat feminista

Actualizado: 17 nov 2021


Autoras:

Camila Carmona, arquitecta, camila.carmonapiro@gmail.com

Rosella Carnicella, arquitecta, rosella.carnicella@gmail.com

Silvina Franceschini, arquitecta, silvina.franceschini@gmail.com

Ivanna Martinez, arquitecta, ivanna.martinez.maita@gmail.com

Clara Nazabal, arquitecta, nazabalclara@gmail.com



Las cinco somos parte del grupo Tava Kuña, vivimos y trabajamos en la ciudad de Buenos Aires.


Tava Kuña es un espacio de mujeres que nace desde la cooperativa de trabajo Tava, conformada por arquitectos y arquitectas, para repensar lógicas establecidas del capitalismo patriarcal y crear nuevos esquemas de organización equitativos y, al mismo tiempo, buscar el empoderamiento de cada compañera para una transformación colectiva, donde no quepa ningún tipo de violencia.

La cooperativa Tava existe desde hace casi 10 años y se dedica a la arquitectura y a la producción de un hábitat justo.


Nos conformamos en el año 2018 a partir de la necesidad compartida de empezar a repensar los modos de trabajo tanto interno como externo, y entendiendo nuestra profesión como una herramienta para generar cambios de paradigmas en el mundo cooperativo y también en lo proyectual, en lo urbano y en las viviendas.


Recibido: 4 de Junio 2020, Ciudad de Buenos Aires

Publicado: 16 de noviembre de 2021.


RESUMEN

En la Ciudad de Buenos Aires existe desde el año 2000 la Ley N° 341/964 o Programa de Autogestión de la Vivienda que permite la conformación de Cooperativas de vivienda para que los sectores más vulnerables puedan acceder a un mercado inmobiliario alternativo.


Las cooperativas de viviendas están, en su gran mayoría, compuestas y lideradas por mujeres. Son ellas las que promueven y luchan por un hábitat digno, para crear un modelo de gestión que sea de abajo hacia arriba.


En una ciudad-metrópolis que sigue las reglas de una planificación pensada para una categoría bien específica de hombres, estas organizaciones son un ejemplo de cómo se puedan invertir roles y de cómo la vivienda y la ciudad, por consecuencia, organizadas y construidas por la mujeres sean más democráticas.



Palabras claves: Cooperativas de vivienda, hábitat, agenda pública, colectivo, mujeres.



En calidad de arquitectas mujeres que viven en la ciudad de Buenos Aires, capital. Que con su conurbano concentra casi el 40% de toda la población argentina, todos los días nos enfrentamos a múltiples formas de desigualdades de género, en el trabajo y en nuestra vida cotidiana como usuarias de la ciudad.


Las metrópolis nos maltratan y nos empujan desde un lado hasta el otro con violencia porque siempre fueron configuradas a partir de valores androcéntricos (Falú), teniendo en cuenta sólo recorridos lineales que cumplen los hombres desde sus casas hasta el lugar de trabajo, marginando así el resto de la sociedad, especialmente mujeres y todos los sectores desfavorecidos y vulnerables.


Somos conscientes de que para poder crear nuevos modelos de ciudad es necesario afrontar y resolver muchísimas cuestiones, como por ejemplo la seguridad y la movilidad. Temas que nos parecen prioritarios para poder vivir libremente, pero al mismo tiempo entendemos la ciudad como un cuerpo compuesto por millones de células que son todas esenciales para que esta viva. Por ello, es imprescindible analizar la ciudad y su consiguiente “planificación” experimentándola.


Nuestra experiencia laboral nos permite relevar cómo y cuánto la presencia femenina es dominante en el desarrollo y diseño de un proyecto que abarca todas las escalas, desde la vivienda, pasando por el barrio hasta lo urbano, tanto en realidades más humildes como más formales.


Así, nos damos cuenta del rol protagónico de las mujeres en la toma de decisiones del grupo familiar con respecto a la propia casa, de cómo se siente dueña de los espacios.


Las mujeres han sido históricamente relacionadas al hogar y al cuidado de la casa, pero en este contexto socio-cultural-económico, pensamos que esto tenga otro valor, no de sumisión sino de apropiación de su poder de decisión y, sobretodo, de entender el funcionamiento de una vivienda y su entorno habitacional, de la necesidad de estar conectada con el territorio y los servicios.


Pensamos que las experiencias de las cooperativas de viviendas, donde la presencia de mujeres es evidentemente mayor, entre varias, pueden ser un ejemplo llamativo de cómo la agenda pública urbana puede integrar esta capacidad de organizarse, de auto-gestionarse y de trabajo colectivo en sus planos urbanos para repensar una ciudad flexible, incluyente, sustentable y accesible para todas y todos, una ciudad conectada y que permita “una distribución igualitaria de los bienes” (J.M. Montaner, Z. Muxi, 2011).


En el año 2000, en la ciudad de Buenos Aires, se sanciona la Ley N° 341/964 o Programa de Autogestión de la Vivienda, que regula la creciente demanda de vivienda por parte de los sectores populares, los cuales en la década entre los años 1990 y el 2000, debido a una fuerte crisis económica y social, no tuvieron posibilidad de acceso al mercado inmobiliario formal y encontraron nuevas estrategias habitacionales: las tomas de tierras en la periferia y la ocupación de edificios en la ciudad. (Zapata, 2010). Gracias a esta ley, el Estado subsidia o deroga créditos a las cooperativas de viviendas para comprar suelos, construir nuevos edificios o refaccionar inmuebles existentes.


Hasta el 2010 se cuentan alrededor de 519 cooperativas inscritas, pero solo una minoría pudo concretar los proyectos debido a que se encuentran muchos obstáculos en el camino. En estos años pudimos conocer y trabajar con varias cooperativas de vivienda de la ciudad de Buenos Aires y, en casi todas, nos enfrentamos a grupos compuestos mayoritariamente por mujeres. Cada cooperativa de vivienda es distinta entre sí y tiene sus propios modos de funcionamiento interno, pero todas representan una gran oportunidad para poder acceder a la vivienda propia.


El rol de las mujeres dentro de las organizaciones es de referencia, son las que dan forma a los proyectos, que gestionan los temas económicos, que llevan adelante el trabajo cotidiano, que fomentan la reproducción de este modelo y que participan de la vida política siendo, muchas veces, el nexo entre las cooperativas y el estado y, en algunos casos, pertenecen a sindicatos.


El cuerpo de las mujeres es el que encontramos siempre al frente en la lucha para la búsqueda de un suelo donde poder construir o contra el desalojo de un edificio donde se ha conformado una cooperativa desde hace muchísimos años, y las mujeres son las que crean una identidad fuerte, de hecho, casi todas las cooperativas que fuimos conociendo consideran la organización como su propia familia, su lugar de contención, de lucha compartida y donde se sienten cuidadas y donde cuidan.


A pesar de los esfuerzos y de todas las tareas que pesan sobre las mujeres, en muchísimas situaciones nos enfrentamos al hecho que los referentes de las cooperativas sean hombres y, además, que la titularidad de las viviendas casi siempre sea a nombre del “jefe de la familia” en el caso de familias tradicionales.


No obstante, pudimos también relevar cómo estas características van cambiando en los últimos años. Las nuevas cooperativas que se conforman tienen diferentes mujeres o son compuestas íntegramente por mujeres, disidencias o minorías y en algunos casos las mujeres lograron tener la titularidad de sus propias viviendas, evento que significó un logro enorme.


Conclusiones

Consideramos el modelo de las cooperativas de vivienda con las cuales trabajamos o que simplemente conocimos un modelo válido, superador y que promueve un proceso de transformación social, donde es necesaria la participación de muchos y distintos actores y donde el rol de las mujeres es imprescindible y fundamental para la concreción del proyecto.


Consideramos que este modelo reconozca y valore las diferencias entre personas y sea capaz de construir un hábitat heterogéneo y sin género. (Muxi, 2018)

Es una acción colectiva donde las mujeres garantizan la integración y la libertad de las personas.

Creemos que las mujeres, por el hecho de transitar y vivir la vivienda y la ciudad en su totalidad de manera mucho más articulada y compleja que los hombres, tienen una mayor capacidad de proyectar espacios democráticos, no jerárquicos y diversos.


Sostenemos la importancia, ahora más que nunca, de implementar y fomentar estas prácticas participativas y autónomas para la creación de una nueva ciudad.




Bibliografía

Escobar A., “Autonomía y diseño. La realización de lo comunal.”, Tinta Limón, Ciudad autónoma de Buenos Aires, 2017.


Falú A., texto “Las mujeres en las ciudades y las metrópolis. Acerca del derecho de las mujeres a la ciudad”.


Lorences A., Loperena C., Ferrara A., “Informe: El programa de autogestión para la vivienda”, Defensoría del Pueblo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2014.


Montaner J.M., Muxi Z., “Arquitectura y política. Ensayos para mundos alternativos”, Gustavo Gili, 2011.


Muxi Z., “Mujeres, casas y ciudades. Mas allá del umbral.”, dpr-barcelona, 2018.


Zapata, Maria Cecilia, “El programa de autogestión para la vivienda: ¿una política habitacional habilitante del derecho a la vivienda y a la ciudad?”, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires, 2012.


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