La nueva normalidad será feminista, o solo será la misma normalidad patriarcal


Eynel Pilatowsky

Candidata a doctora en Ciencias Políticas por la UNAM

Ciudad de México

Enviado: 4 de junio de 2020.

Publicado: 22 de junio de 2021.


Resumen

La pandemia llegó para sacar a relucir todo lo que quisimos esconder bajo la alfombra. Dentro de los muchos temas necesarios que abordar durante esta crisis, los pendientes de la agenda feminista es quizá uno de los más importantes. A pesar de que los medios explotaron la imagen de los liderazgos femeninos a nivel local y nacional por sus atributos políticos para el buen manejo de la pandemia, la verdadera transformación feminista se logrará solamente cuando terminemos con la lógica patriarcal que domina la esfera política. En este breve artículo ahondo sobre las desigualdades estructurales que enfrentamos las mujeres durante este confinamiento, particularmente la economía de cuidados y la violencia. Posteriormente hago un análisis de las mujeres en el mundo de la política a partir de las cifras que retratan su participación. Concluyo con un esbozo sobre cómo podemos plantearnos un verdadero liderazgo feminista que se centre en lo colectivo y el cuidado como valores centrales de la sociedad.


Liderazgo feminista, mujeres líderes, mujeres en pandemia


Introducción


Escribir durante la pandemia obliga a reflexionar alrededor de ella como catalizadora de procesos en distintas esferas ontológicas. Individualmente, la cuarentena se convirtió en un entorno de reflexión forzada: reflexionar sobre mí, sobre el espacio que me rodea, y sobre el mundo que habito. Colectivamente, la pandemia nos desnudó como humanidad, poniendo en evidencia el largo camino que nos queda por recorrer en la cimentación de una sociedad más justa. En este ensayo me gustaría hacer un ejercicio sobre las reflexiones que surgieron del diálogo entre mi situación de aislamiento físico, emocional e intelectual, con el mundo al que ahora solo accedo a través de ventanas remotas: la televisión, las redes sociales, los webinars, videoconferencias y los textos en donde alguien más retrata esa realidad, y que por primera vez en años, acaparó la agenda mediática y gubernamental de todos los países de este tierra.


La COVID-19 ha puesto en evidencia los enormes rezagos de la sociedad contemporánea en su manejo de las dinámicas sociales más preocupantes del siglo XXI: la precariedad en la movilidad humana, el daño permanente a nuestro ecosistema global, y la agudización de las brechas de desigualdad entre países, entre pueblos, entre personas, entre hombres y mujeres. En un esfuerzo por desenredar esta amalgama temática conformada por los inhumanos resultados del sistema económico, quisiera dedicar estas líneas a pensar qué ha significado la pandemia para las mujeres, tanto en los espacios privados como en las esferas públicas, y especialmente, qué podemos aprender desde los feminismos.


Las mujeres en confinamiento: los rezagos en la esfera de lo privado


Con distintas estrategias, muchos gobiernos alrededor del mundo implementaron medidas de confinamiento con el objetivo de prevenir el rápido contagio del virus SARS-CoV-2. Así, entre marzo y mayo del 2020 alrededor de un tercio de la población mundial se aisló en casa, lo que, como identifica Natalia Mendoza, generó una nueva división de clases, entre las personas que pueden teletrabajar, y las que se ven obligadas a salir por motivos económicos afrontando el riesgo de contagio (Mendoza, 2020). Pero el encierro, aún entre la clase privilegiada que pudo confinarse, agudizó otras desigualdades y dolencias que se viven al interior de los hogares.


Primero, confirmó una vez más la diferencia desproporcionada entre las horas que dedican los hombres y las mujeres a las tareas de cuidado y limpieza en el hogar. De acuerdo con datos del Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), recogidos entre 2007 y 2017 en 16 países del continente, las mujeres invertimos en promedio 35.14 horas semanales a las tareas de cuidado y limpieza en el hogar, mientras que los hombres dedican 13.52 horas.


No tenemos datos todavía que reflejen los cambios en las dinámicas del hogar durante el confinamiento, pero seguramente veremos que la brecha entre hombres y mujeres en la economía de cuidado se agudizó. El acompañamiento educativo a niños y niñas que tuvieron que tomar clases a distancia es un indicador que parece corroborar esta hipótesis. En México, por ejemplo, la mayor parte de este acompañamiento lo realizan las mujeres, madres, hermanas o abuelas (Castillo, 2020), tiempo que se sumó a las horas invertidas en otros trabajos no remunerados, y probablemente a las horas dedicadas al trabajo remunerado, formal e informal.


La visibilización de la injusta distribución de los labores dentro del hogar en la agenda mediática nos sirvió a las feministas para insistir sobre la importancia de reconocer el trabajo no remunerado como tal. La coyuntura sirvió también para cuestionar el rol de los hombres y recordarnos que aquellos que se involucran en las tareas de cuidado no son héroes, ni parejas especiales que nos hacen afortunadas, sino simplemente adultos funcionales.


Otra realidad que han vivido muchas mujeres latinoamericanas durante esta pandemia es la tortuosa condena de tener que confinarse con sus agresores y posibles feminicidas. De acuerdo con la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas de Distintas Latitudes en casi todos los países latinoamericanos que cuentan con algún servicio telefónico para asistir a mujeres víctimas de violencia doméstica se registró un aumento en las llamadas durante los meses de confinamiento (Martín & Mayorga, 2020). Sin duda, el aumento en las llamadas se debe también a que algunas instituciones han tenido mayor alcance de difusión del número telefónico, pero definitivamente las cifras muestran una realidad alarmante que no debe ser ignorada.


Tristemente erradicar la violencia contra las mujeres ha sido el hilo conductor de la lucha feminista. Su incremento durante el confinamiento fue un recordatorio de que no podemos quitar el dedo del renglón. Combatir la violencia doméstica debe ser una bandera con la cual exigir con contundencia a nuestras autoridades, de pronto tentadas, y a veces caídas en tentación –como es el caso del gobierno mexicano– de recortar el presupuesto destinado a esta materia. Debemos hacernos presentes, y presionar para mejorar los protocolos de atención a víctimas y la infraestructura para su resguardo y acompañamiento.


Las mujeres en la política: los avances en la esfera de lo público


La pandemia también puso sobre la agenda mediática un tema del que se hablaba poco fuera de nuestros círculos feministas: las mujeres al frente de países que, sin distinguir entre sus a adscripciones político-partidistas, hicieron un mejor trabajo que sus homólogos hombres (Fraile, 2020; Lewis, 2020; Taub, 2020; Wittenberg-Cox, 2020). Con menor fuerza, pero también presente en los medios, se difundieron reflexiones alrededor de la importancia de los liderazgos femeninos en los gobiernos locales (Casado Cañeque, 2020). De acuerdo con Naciones Unidas, es en la esfera de lo local donde los gobiernos femeninos tienen mayor impacto (UN Women, 2019), pues como reconoció Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, en su participación en la Experiencia de Aprendizaje de Liderazgos de Mujeres organizada por Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU, 2020), “…las ciudades somos la institución más cercana a la población. Hemos de dar más participación a las mujeres para promover una nueva economía que asuma lecciones de ecologismo, de pacifismo, de propuestas que pongan la vida en el centro, con un municipalismo más empoderado” (Casado Cañeque, 2020).


La participación política femenina ha sido un tema fundamental en la agenda de diversos organismos internacionales que, guiadas por el rubro 5.5 de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) del PNUD, han promovido y patrocinado el triunfo electoral de mujeres que ocupan cargos de poder y toma de decisiones. Actualmente existen 19 países que han elegido a mujeres como presidentas, primeras ministras o cancilleres (Cataclyst, 2020). Las mujeres en los poderes legislativos nacionales han ganado también participación. De acuerdo con cifras de ONU Mujeres, para febrero del 2019 las parlamentarias o diputadas ocuparon el 24.3% de los asientos. En 1995 ocupaban solo el 11.3% (UN Women, 2019). El panorama iberoamericano es ligeramente más alentador, pues para 2019, 31.6% de los escaños en las cámaras bajas o únicas de América Latina y la Península Ibérica estaban ocupados por mujeres (CEPAL, 2019).


La representación en los gobiernos locales también ha ido en aumento. De acuerdo con cifras del 2018, último año disponible, el 15.5% de los gobiernos locales en Latinoamérica y la Península Ibérica están en manos de alcaldesas, 3.4% más que en 2014 (CEPAL, 2018a). El promedio regional de concejalas electas, es decir, de mujeres que ocupan algún cargo de decisión en los gobiernos municipales, incrementó en 8% en diez años, de 21.6% en 2008 a 29.6% en el 2018 (CEPAL, 2018b).


A pesar de que las cifras están lejos de la paridad, que las mujeres ocupen cada vez más espacios de poder, y que estos liderazgos estén acompañados de buena publicidad en medios masivos representan sin duda un triunfo de la agenda feminista.


Las sufragistas del siglo XIX y principios del XX se sentirían muy satisfechas de ver cómo se ha avanzado en la democracia liberal feminista desde que consiguieron garantizarnos el derecho a votar y ser votadas. Pero las feministas de ahora no debemos conformarnos con eso. Claro que debemos aplaudir el éxito de las mujeres en puestos de liderazgo y promover activamente el incremento en las cifras, pero limitarnos a eso es hacerle el juego a la política demagógica de identidad que utiliza el género como producto electoral mercantilizable (Fraser, 2013). Nuestra tarea actual es replantearnos qué significa ejercer liderazgos políticos no solo con imágenes femeninas, sino con perspectivas feministas.


Liderazgos feministas


Es importante reconocer lo que puede parecer obvio: esto es que la política, esa esfera de poder donde unos cuantos toman las decisiones que nos afectan a todos y todas, opera con una lógica patriarcal. Los estudiosos de las masculinidades han dedicado muchos textos a describir las características problemáticas del patriarcado. Allan Johnson, hace más de veinte años, sostuvo que lo que impulsa al patriarcado como sistema es una relación dinámica entre el control y el miedo. El patriarcado fomenta y se nutre de la competencia, la agresión y la opresión, pues obliga a los hombres a buscar su seguridad y prestigio al tener el control sobre otros, y, en consecuencia, temer la capacidad de los otros para dominarlos y dañarlos (Becker, 1999; Johnson, 1997).


Así, nuestras sociedades modernas guiadas por el paradigma liberal, que es también patriarcal, se construyen alrededor de la premisa de que solamente la igualdad de derechos, principalmente el derecho a la libertad, será capaz de contrarrestar las disputas entre los hombres por el control y la dominación. Pero este modelo de justicia liberal es paradójico: la libertad es inherente a la desigualdad global porque el derecho a la libertad se traduce en generar riqueza y acaparar recursos que perpetúan el mismo sistema de desigualdad (Ferguson, 2009). Inevitablemente, los liderazgos en la política patriarcal se sustentan en valores como el individualismo y la descalificación de los adversarios, el enriquecimiento como clave de éxito, la legitimidad del poder a través del ejercicio de la fuerza, la dominación y la normalización de medidas punitivas, por un lado, y la caridad, los discursos humanitarios y las políticas asistencialistas como sus paliativos por el otro.


La resistencia frente al patriarcado implica deconstruir sus valores seminales, pero también sustituir al paradigma liberal por uno de solidaridad y justicia social (Ferguson, 2009). El liderazgo feminista debe nutrirse, no por el control y el miedo, sino por la comprensión de que el bienestar individual solo se alcanza a través del bienestar colectivo. Es por esto que los liderazgos feministas deben priorizar la acción colectiva, por utilizar los términos de Hannah Arendt, sobre las acciones individuales (Gardiner, 2018), el autocuidado y cuidado de las demás personas como la obligación moral de la ciudadanía (Fraser, 1997), la deliberación y el consenso en lugar de la competencia, y la empatía y el aprendizaje conjunto en lugar de la dominación.


Soy consciente de que derribar al patriarcado e instaurar un sistema político que se base en paradigmas que no se han puesto en práctica parece una apuesta ingenua. Precisamente, por lo complejo que resulta traducir conceptos abstractos en acciones concretas, son las alcaldesas quienes deben gobernar con una perspectiva feminista. Y por ello, las politólogas, sociólogas y juristas, debemos echar mano de nuestras compañeras urbanistas y aprender, con toda la humildad disciplinaria que implica, las lecciones que tiene el urbanismo feminista para construir ciudades para nosotras: ciudades pensadas para quienes las vivimos, ciudades seguras, ciudades cuidadoras (Valdivia, 2017), ciudades que compaginen las economías productivas y las reproductivas: ciudades feministas.


Conclusiones


La incertidumbre que acompaña escribir en tiempos de pandemia genera un sentimiento ambivalente: por un lado, mucha angustia y desesperación, por otro, representa una ventana de oportunidad para imaginar y planear cómo queremos construir la nueva normalidad. Empezar por replantearnos cómo se ejerce el poder , y por la esfera de lo local, que es donde se diseña la cotidianidad más inmediata, resulta un ejercicio emancipador. Nos toca construir juntas, a las feministas de múltiples disciplinas, un nuevo modelo organizativo que sea justo y solidario, porque esa nueva normalidad será feminista, o no será.



Referencias


Becker, M. (1999). Patriarchy and Inequality: Towards a Substantive Feminism. University of Chicago Legal Forum, 1999(1).https://chicagounbound.uchicago.edu/uclf/vol1999/iss1/3


Casado Cañeque, F. (2020, mayo 19). El liderazgo de las alcaldesas ante la pandemia. El País. https://elpais.com/elpais/2020/05/15/planeta_futuro/1589539248_665735.html


Castillo, N. (2020, abril 30). Coronavirus. La pandemia evidencia injusticias del modelo patriarcal. Ciencia UNAM. http://ciencia.unam.mx/leer/990/coronavirus-pandemia-covid-19-evidencia-injusticias-del-modelo-patriarcal


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CEPAL. (2019). Poder legislativo: Porcentaje de mujeres en el órgano legislativo nacional: Cámara baja o única [Text]. Observatorio de Igualdad de Género. https://oig.cepal.org/es/indicadores/poder-legislativo-porcentaje-mujeres-organo-legislativo-nacional-camara-baja-o-unica


CGLU. (2020, mayo 8). El liderazgo de las mujeres será fundamental para repensar el futuro en la era post-COVID-19. UCLG - United Cities and Local Governments. https://www.uclg.org/es/media/noticias/el-liderazgo-de-las-mujeres-sera-fundamental-para-repensar-el-futuro-en-la-era-post


Ferguson, A. (2009). Feminist Paradigms of Solidarity and Justice. Philosophical Topics, 37(2), 161-177


Fraile, M. (2020, abril 16). Coronavirus: El liderazgo de las mujeres en esta crisis. El País. https://elpais.com/elpais/2020/04/16/opinion/1587023507_604396.html


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Gardiner, R. A. (2018). Hannah and her sisters: Theorizing gender and leadership through the lens of feminist phenomenology. Leadership, 14(3), 291-306. https://doi.org/10.1177/1742715017729940


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