LA EXPLOTACIÓN DE LA FERTILIDAD: Reproducción como explotación a mujeres y tierras.

LA EXPLOTACIÓN DE LA FERTILIDAD


Laura Martínez Villa

Estudiante de Antropología de la Universidad Alberto Hurtado

lauramartinezvillaig@gmail.com


Lugar: Melipilla, Chile.

Fecha: 2 de junio del 2020


RESUMEN

El siguiente ensayo revisa de manera crítica la relación existente entre las mujeres y la tierra, asimilándolas desde un enfoque esencialista por su capacidad reproductiva y fértil. Esto ha terminado por dar cabida a cuestionamientos relacionados con el control que ejerce el sistema capitalista- patriarcal sobre las tierras y el cuerpo femenino. Por lo que se piensa este escrito, como un ensayo feminista desde la ruralidad, expresado de manera sucinta y legible para una discusión que está presente.

PALABRAS CLAVE

Trabajo reproductivo- reproducción- subordinación- explotación

INTRODUCCIÓN

Específicamente, se reflexionará en torno a la relación existente entre la mujer y la tierra en el continente americano, las que, desde una mirada esencialista, han sido identificadas históricamente por su capacidad reproductiva y fértil, sin tener en cuenta que, al mismo tiempo, han estado subordinadas a la explotación y represión por parte del sistema capitalista- patriarcal, el cual ignora que somos seres con vida y dueñas de nuestra corporalidad. De esta forma, se vuelve fundamental el derecho a decidir y el romper con patrones esencialistas que condicionan el trabajo reproductivo, reflejado en las temáticas del descanso a las tierras y en la legalización de un aborto libre, gratuito y seguro en Chile.


REFLEXIÓN

Para comenzar, los pueblos indígenas consideraban en cierta medida, a sus tierras como algo espiritual, como parte de sí mismos. Testimoniado en las diversas formas en que las comunidades pedían y aún piden permiso a su tierra para poder cultivar o extraer las diferentes siembras. Todo esto, mediante rituales y ceremonias, invirtiendo tiempo importante en rezos, oraciones y bailes que funcionan como herramientas para canalizar los mensajes con la tierra. Ejemplo de esto, lo vemos en el relato de Rigoberta Menchú, descendiente de la etnia Quiché en Guatemala, quien señala que “(…) la fiesta viene desde que se pide permiso a la tierra para que se cultive. Esa ceremonia se hace con pom, con oraciones de los señores y de todos, ya de la comunidad en general “(Burgos- Debray. E, 1985, p.75). Pudiendo establecer que los seres humanos somos precisamente parte de la naturaleza.

Sin embargo, lo que ocurre con la conquista europea, resulta determinante para esta reflexión. Se apoderan de las tierras pertenecientes a los pueblos, habitándolas, extrayendo sus recursos naturales y sembrando a gran escala, legitimando un sistema de explotación basado en la extracción y acumulación de riquezas (mercantilista), y que actualmente, se conoce como sistema capitalista-patriarcal, el cual segrega al ser humano de la naturaleza.

Hoy en día, se puede ver que a la tierra se le trata como un simple objeto funcional, al que no se le pregunta (como antes) ni se le deja descansar, al que se le introducen productos tóxicos y contaminantes para su naturaleza como también se le quitan partes vitales de su ecosistema, es decir, se ignora y viola su vitalidad. Se explota su capacidad reproductiva para fines mercantiles, en donde ya no importa nada más que el hecho de que se encuentre en buenas condiciones y apta aún (fértil) para los intereses que tiene el mercado, los cuales se centran principalmente en industrias de carácter inmobiliario, ganadero y de producción agrícola.



Foto Nº1: Tierras utilizadas para cultivo agrícola (Codigua, Melipilla). Elaboración propia, 25 de mayo 2020.




Foto Nº2: Tierras que están siendo tecnificadas para cultivo agrícola (Codigua, Melipilla). Elaboración propia, 25 de mayo 2020.



A partir de lo señalado anteriormente, es que se dará paso a lo que ha significado el apoderamiento del cuerpo femenino que, en la conquista europea, resultó en violaciones a mujeres y en embarazos forzados, dando cuenta del poco control y decisión que se pudo tener sobre el propio cuerpo.

El confinamiento de las mujeres al espacio privado, es otro de los resultados de la conquista. Son víctimas de un sistema violento que se basa en la división sexual del trabajo, el cual determina la función de las personas en base a su sexo/género, resultando en un sistema de roles (Safi, 2015).

No se ha tomado en cuenta de que, en realidad, las mujeres somos capaces de hacer todo tipo de labores, lo que se contrapone a lo dicho por ideas biológicas, que se refieren a la falta de fuerza, estatura o peso como condicionantes de la exclusión de la mujer en las actividades socio- productivas. Sin embargo, desde la prehistoria que se participaba en actividades y labores que muchos piensan que era solo para hombres, por ejemplo, las guerrillas. Por lo que, no serían nuestras diferencias biológicas las que han cimentado la inferiorización y subordinación de la mujer, sino las implicancias de nuestro trabajo reproductivo. Sobre esto, Simone de Beauvoir (2014) [1949] señala que la mujer:

(..) sufre pasivamente su destino biológico. Las faenas domésticas a que está dedicada, puesto que son las únicas conciliables con las cargas de la maternidad, la confinan en la repetición y la inmanencia; son faenas que se reproducen día tras día, bajo una forma idéntica que se perpetúa casi sin cambios siglo tras siglo; no producen nada nuevo (p.24).

Por el hecho de tener una “habilidad”, “aptitud” o “condición” para portar a una criatura, se debe asumir el trabajo reproductivo y sus implicancias, relacionadas principalmente con labores domésticas (Benería, 1981). Algo que ya es extenuante, tomando en cuenta las injusticias que existen por el solo hecho de ser madres en potencia. Somos la segunda opción a la hora de ser contratadas, por ejemplo.

¿Por qué nos discriminan laboralmente? “porque estamos en edad fértil”, “porque las hormonas nos harán tener actitudes muy cambiantes”, “porque la menstruación nos puede llevar a tener malas actitudes”, o peor aún, porque podemos quedar embarazadas y “así no servimos”. Llegando a solidarizar con una renuncia a la maternidad. Esto desemboca en una lucha por reivindicarse en la sociedad, volviendo al espacio público y logrando mediante múltiples luchas, el acceso a pastillas anticonceptivas y legalización del aborto (algunos países), algo que específicamente no es completamente seguro, gratuito y legal en Chile, ya que solo se aprobó en tres causales (violación, en caso de inviabilidad del feto y en caso de riesgo de la madre). Por lo que, este es un paso muy importante para poder comenzar con la autodeterminación de nuestros cuerpos.



Foto Nº3: Marcha por la legalización del aborto libre, seguro y gratuito (Santiago de Chile). Elaboración propia, 25 de julio 2018.



Foto Nº4: Marcha por la legalización del aborto libre, seguro y gratuito (Santiago de Chile). Elaboración propia, 25 julio 2018.


Esto va tomando un alcance económico- productivo que sirve, por ejemplo, para cumplir los deseos de un hombre que quiere ser padre o para hacer negocios en base a vientres de alquiler. Siendo el sistema capitalista- patriarcal, el principal administrador y guardián de esta apropiación de los cuerpos y territorios, ocupando la explotación y subordinación como herramientas.

Todo esto, se ve legitimado por la biopolitica, un sistema que relaciona al cuerpo con el territorio que “(…) corresponde a un tipo de gobierno, esto es, el gobierno de las personas como seres biológicos por medio de la gestión de sus cuerpos” (Segato. R, 2016, p.66). Ejerciendo un control político y económico hacia las personas a través de sus cuerpos, siendo la mujer y la tierra, quienes, al presentar menor restricción y falta de soberanía sobre sus cuerpos, el espacio en que se manifiesta más concretamente este poder político. Sin embargo, Silvia Federici (2018) nos permite reflexionar a partir de la siguiente idea:

(…) nos sorprende ver cómo en círculos radicales se está produciendo un «cambio de paradigma» conforme la esperanza puesta en la máquina como motor de «progreso histórico» va siendo reemplazada por una reorientación del trabajo político hacia los temas, valores y relaciones vinculadas a la reproducción de nuestras vidas y de la vida de los ecosistemas que habitamos (p.67).

CONCLUSIÓN

Finalmente, con este ensayo se pudo comprender el vínculo entre el trabajo reproductivo y la explotación de las tierras, que tiene su génesis en un momento histórico en que se arrebata violentamente la humanidad de las mujeres y las tierras del continente americano, instaurando un sistema que legitima la cultura de la explotación y el abuso.

Esto ha llevado a que ambas no solo se asemejen por su capacidad fértil, sino también por la explotación a la que son sometidas por un sistema que les asigna roles y funciones, que recién durante los últimos años, han sido llevados a la discusión. De esta forma, desde una lupa feminista, se espera que el presente escrito haya podido dar un acercamiento al problema, con la esperanza de que haya concientización acerca de lo que ocurre, y así, poder trabajar en construir un sistema más justo y esperanzador donde el aborto sea libre y el descanso de la tierra sea posible.

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