LA CIUDAD EN LA “NUEVA NORMALIDAD”: RETOS Y ASIGNATURAS PENDIENTES

Autoras: Cristina Gallardo Ramírez (Doctora Arquitecta); María Soler Schneider (Arquitecta) e-mail: mujeresentramandociudades@gmail.con


INTRODUCCIÓN

La humanidad vive conmocionada y expectante la extraña etapa COVID-19 en la que repentinamente se ha encontrado, que no deja de ser un claro indicador y una consecuencia de la que ya se ha definido como nueva Era del Antropoceno1, caracterizada por el hecho de que el ser humano ha plasmado, probablemente de forma indeleble e inequívoca, la huella de su actividad sobre el planeta.


El periodo de confinamiento y la “nueva normalidad” a la que nos dirigimos ha vuelto a poner de manifiesto las carencias de los espacios públicos de nuestras ciudades así como de los espacios privados, de nuestras viviendas, especialmente para las personas más vulnerables de las sociedades “desarrolladas”.


Entendemos por ello que el urbanismo y la arquitectura se enfrentan a un nuevo reto, la reconfiguración del espacio público y del espacio privado en clave de salud y seguridad sanitaria a fin de prevenir y evitar repuntes de la pandemia. Un nuevo reto que se suma a los previamente vigentes, que sintetizamos en el logro de una ciudad inclusiva, demandada recogida en la Nueva Agenda Urbana aprobada en la Conferencia HÁBITAT III celebrada en 2016 en Quito (Ecuador).

Retos que deben ser abordados desde la perspectiva de género, como categoría de análisis transversal que permite tomar en consideración la distinta incidencia que cualquier decisión en estas materias tiene en la vida de mujeres y hombres, porque en estas disciplinas y en cualquier otra, ninguna medida es neutra, sus efectos no serán iguales, variarán en función de las asimetrías de los roles sociales y familiares asignados a unos y otras en cada sociedad, asumidos de forma inconsciente como naturales.


PALABRAS CLAVE: COVID-19; perspectiva de género; ciudad inclusiva; mapa del miedo; mujeres entramando ciudades.


URBANISMO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO


La ciudad se ha impuesto como principal hábitat humano como también lo ha hecho su desconexión de la naturaleza. La consecuencia más reciente de este hecho es la expansión de la COVID-19, rápidamente convertida en pandemia en nuestro mundo urbano, globalizado.


El uso abusivo del planeta con origen en las urbes y la creciente desigualdad que padece la cada vez más numerosa población urbana queda de manifiesto en la elección de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (en adelante ODS) para la Agenda 2030 de Naciones Unidas, así como en la Nueva Agenda Urbana aprobada en la Conferencia HÁBITAT III de 2016, que promueve una ciudad inclusiva, equitativa en cuanto al uso y disfrute de sus espacios equipamientos y servicios para todos sus habitantes, sin discriminación de ningún tipo.


La consecución de esta ciudad inclusiva sería más fácil si en las urbes se trabajara en reducir la desigualdad entre sus habitantes (ODS 10), lo que favorecería la igualdad de género (ODS 5) y nos aproximaría a la implementación de ciudades y comunidades sostenibles (ODS11), puesto que una ciudad inclusiva, es una ciudad compleja, biodiversa, saludable, de distancias cortas tanto físicas como sociales.


Sin embargo, abandonado nuestro modelo tradicional de ciudad mediterránea, compacta en su trama y compleja en usos y población, hoy partimos de un modelo de ciudad zonificada en la que los desarrollos urbanísticos desde mediados del pasado siglo responden a los principios del Movimiento Moderno de Le Corbusier, que separa usos y actividades dentro de la ciudad, ligándolos por grandes vías para la movilidad motorizada principalmente en vehículo privado.


Se impone más recientemente y fruto de la globalización, la progresiva terciarización de nuestros cascos históricos como resultado de su turistificación que los vacía de población residente. Estos fenómenos traen consigo la minimización del espacio público para las personas, ya convertidas en meros peatones, mermando aún más sus derechos al disfrute de estos espacios, olvidándose en aras de la ciudad entendida como producto las necesidades de la vida cotidiana.


Si de las calles desaparecen los lugares de encuentro y socialización, la complejidad de usos y personas, de las calles desaparece la vida local, se pierde la identidad, la diversidad y el sentido de comunidad en una población homogeneizada, lo que propicia un estilo de vida individualista, miedo al otro, al diferente, o el descuido y abandono de los espacios comunes, factores todos generadores de inseguridad.


De esta forma lo manifestaba ya en 1961 Jane Jacobs en su obra “Muerte y vida de las grandes ciudades”, una complejidad de usos para los barrios que garantiza la mixticidad social, el conocimiento mutuo, ayuda a combatir la segregación y la inseguridad, siendo tarea principal de calles y aceras mantener la seguridad de la ciudad.

Así, por distintos motivos, más de la mitad de la población de las ciudades, además de las mujeres, niños y niñas, personas mayores, con discapacidad, etc., no se mueve de forma libre y autónoma por determinados espacios públicos y a determinadas horas del día, no disfrutan del acceso a estos lugares en igualdad de derechos que el resto de la población de las ciudades. Lo que a su vez repercute en sus oportunidades de trabajo, educación, ocio, disfrute del tiempo libre, etc., mermándolas.


Dentro de las posibles estrategias para implementar el reto de una ciudad inclusiva encuadramos la experiencia del Taller Mujeres Entramando Ciudades4, surgido de la percepción de que el diseño de nuestros barrios y ciudades se aleja progresivamente de las necesidades reales de las personas que residen y desarrollan su vida en ellos.


Partimos del factor fundamental para un diagnóstico certero sobre el estado y las carencias del espacio público de barrios y ciudades, contar con la información aportada por las mujeres que residen en ellos puesto que, como trabajadoras, como madres, cuidadoras, acompañantes, en tiempo de ocio, o de forma individual,…, son las que se mueven mayoritariamente a pie por esos espacios urbanos. Entendemos que es necesario hacer valer sus opiniones como expertas en el uso del espacio público.


El taller se inició con un paseo adoptando una visión crítica a fin de tomar conciencia sobre cómo nos movernos por la ciudad, identificando los problemas, necesidades y limitaciones que encontramos a diario en nuestros desplazamientos y/o estancias para el descanso y la socialización, en los espacios públicos urbanos.


Nuestra premisa para las participantes: aprender a detectar carencias y virtudes para poder proponer y reivindicar soluciones que nos faciliten la vida como ciudadanas y principales usuarias del espacio público.


En este paseo los temas de análisis propuestos fueron: la accesibilidad; la seguridad y percepción de inseguridad; los equipamientos de proximidad; y la movilidad. Se invitó a las participantes a detectar las cosas que gustan de calles y plazas, que nos facilitan la vida (comercios, equipamientos de proximidad, etc.); que hace que nos apetezca permanecer en ellos (espacios sombreados, con mobiliario urbano, con lugares de juego, etc.), lo que permite su consideración como espacios amables. Pero también señalar los espacios que no gustan, que sentimos como hostiles y el por qué (porque no son cómodos, porque no hay lugares adecuados para la estancia, porque hay barreras físicas tipo escaleras, desniveles, etc.) que nos impiden movernos de forma autónoma, con facilidad, los denominamos espacios hostiles.


Otro tema abordado fue la identificación de aquellos espacios en los que las participantes se sintieran seguras y la razón para ello: porque hay gente y actividad a distintas horas del día, porque podemos controlarlos y visibilizarlos en su conjunto, etc., los denominamos espacios seguros. Finalmente también se les pidió detectar aquellos lugares en los que no se sintieran seguras y las causas que lo provocaba (sitios solitarios, hay poca luz, están sucios, mal mantenidos, etc.), son espacios percibidos como inseguros, que configuran esos mapas del miedo, de la ciudad prohibida.


Tras este paseo compartido y comentado, las participantes trasladaron la experiencia del análisis, ya individual, a sus respectivos barrios trasladando esa visión crítica y esa capacidad de diagnóstico a su entorno inmediato.


Conclusiones


La pandemia de la COVID-19 ha puesto sobre la mesa la necesidad de asumir nuevos retos para el tratamiento del espacio urbano, ahora en clave de salud y seguridad sanitaria, que se suman a los ya existente. Abordarlos considerando la perspectiva de género facilitaría el logro de una ciudad más inclusiva.

En esta dirección, entendemos que actividades como el Taller Mujeres Entramando Ciudades y otras herramientas participativas como los mapas del miedo constituyen valiosos instrumento para evaluar el grado de adecuación de calles, plazas, espacios verdes, equipamientos, etc., a las necesidades de la vida cotidiana y para proponer soluciones a ese diagnóstico involucrando a la ciudadanía.

Con este taller como detonante, la percepción de inseguridad y las barreras urbanas que obstaculizan un desplazamiento autónomo para todas las personas han comenzado a plasmarse en la propuesta del mapa del miedo de Málaga5en el que ciudadanía, medios de comunicación y administración local se han involucrado de forma integrada en la búsqueda de soluciones para alcanzar una ciudad más amable e inclusiva. Notas: 1. Antropoceno –término acuñado en 2000 por el químico holandés Paul J. Crutzen (1933), ganador en 1995 del Premio Nobel de su especialidad por sus aportaciones a la química del ozono en la atmósfera terrestre-- es la era en la que el impacto conjunto de la humanidad en la Tierra iguala o sobrepasa el poder de las fuerzas naturales (geológicas y biológicas). Fuente: Riechmann, J., 2018 2. Jane Jacobs, 1961. Muerte y vida de las grandes ciudades. Editado por Capitán Swing libros, S.l. Segunda edición: noviembre de 2011. Edición presentada por Zaida Muxí, Blanca G. Valdivia y Manuel Delgado

3. Celebrado en Málaga en diciembre 2017, realizado por encargo del Centro Provincial de Málaga del Instituto Andaluz de la Mujer, elaborado y coordinado por las autoras del presente documento.


BIBLIOGRAFÍA

Gallardo Ramírez, C. 2014. Ciudad Cercana-Ciudad en femenino: Intercambiando saberes. I + G2014. Aportaciones a la Investigación sobre Mujeres y Género.

https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/40744/Pages%20from%20Investigacion_Genero_14-1-12.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Jacobs J, 1961. Muerte y vida de las grandes ciudades. Editado por Capitán Swing libros, S.l. Segunda edición: noviembre de 2011. Edición presentada por Zaida Muxí, Blanca G. Valdivia y Manuel Delgado.


Naciones Unidas. Nueva Agenda Urbana. HIII. 2017. www.habitat3.org


Ortiz Escalante, S., 2014 (Col.ectiu Punt 6). Espacio público, género e (in)seguridad. https://punt6.files.wordpress.com/2014/07/espaciopublicogc3a9neroeinseguridad_ortiz.pdf


Pérez-Bryan, A., 2019. El Ayuntamiento apuesta por el 'mapa del miedo' con una inversión de 300.000 euros. https://www.diariosur.es/malagacapital/ayuntamiento-apuesta-mapa-20191107141343-nt.html


Riechmann, J., 2018. Antropoceno, Gran Aceleración y perspectivas de colapso ecosocial. https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-

104576/2.%20Antropoceno,%20gran%20aceleraci%C3%B3n%20y%20perspectivas%20de%20colapso%20ecosocial.%20Jorge%20Riechmann.pdf


Velázquez, I., 2017. Ciudades más sostenibles y humanas. La Ciudad Amable. Consejería de Fomento y Vivienda. Junta de Andalucía.



No hay eventos próximos en este momento