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Experiencia de cartografía de violencias contra la mujer

Actualizado: 26 nov 2018


Por Colectiva Callejeras https://www.instagram.com/colectivacallejeras/



La ciudad, el espacio urbano en el que se desenvuelve la vida cotidiana, contenedora del espacio público, lugar de confluencia, encuentro, pronunciamientos y de socialización, es, a su vez, un terreno de representación de relaciones de poder y sumisión. Esta ciudad que es vivida y construida socialmente no es neutra, y esto es percibido de distintas formas según quienes la experimentan, lo que remite a una reflexión acerca de su diseño, y sobre los posicionamientos políticos, culturales y sociales con el que han sido erigidas.


La inexistencia de una planificación urbana y territorial capaz de expresar y responder a las necesidades y diferencias de uso de sus habitantes, se ve reflejada, por una parte, en la priorización de una infraestructura que favorece a un sujeto urbano y forma de habitar particular (auto por sobre bicicleta o transporte público; separación de las zonas de productividad respecto a las residenciales y comerciales; déficit de espacios públicos para la socialización, entre otros). Y por otro lado, se ve en la segregación e infrarrepresentación de quienes no cumplen con este modelo preconfigurado del habitar. En ese sentido, la ciudad se vuelve escenario y reflejo de relaciones de poder, jerarquías y discriminaciones, coexistiendo de manera desigual mujeres, hombres, instituciones, familias, mercado y Estado.


Con esta realidad por delante, surge la necesidad del urbanismo feminista, como apuesta transformadora que propone colocar la vida y las necesidades de las personas en el centro, con sus experiencias y diversas formas de vivir. Se busca así, promover una forma de hacer ciudad participativa, segura, libre de violencia y que visibiliza lo que históricamente ha sido invisibilizado: los cuidados.


Las mujeres experimentamos diariamente múltiples violencias en la ciudad. La violencia contra las mujeres es un fenómeno particular, sistemático y estructural, cuya existencia y manifestación ha sido naturalizada, disminuida e históricamente enmarcada en el espacio privado o íntimo. Pero la violencia existe en todas partes, y como afirma Segato (2006), no podemos entenderla como se nos presenta en los medios: dispersa, mediatizada como anómala o esporádica. Tenemos que percibir la sistematicidad de esta gigantesca estructura que vincula redomas aparentemente muy distantes de la sociedad y atrapa a la propia democracia representativa (Segato, 2006, pág. 60).


El impacto de estas violencias han reforzado sistemática y permanentemente los sentimientos de temor e inseguridad, transformándose en limitantes de nuestros derechos. Entender la ciudad como un espacio que no es neutro y que al mismo tiempo nos condiciona de manera diferenciada, requiere también de la conceptualización de la violencia (de sus distintos niveles, tipologías y ámbitos), y de la capacidad de las mujeres para detectarlas y diferenciarlas. Trabajar esta temática de manera participativa permite el involucramiento y la construcción de lazos fortalecedores tendientes a empoderar tanto a las participantes como a sus círculos de influencia.


En relación con lo anterior, “Cartografías de la violencia” es un proyecto que nace a partir de la necesidad de visibilizar cómo las ciudades perpetúan y articulan la violencia contra las mujeres que habitamos en ellas, particularmente desde nuestro lugar que es la ciudad de Santiago de Chile. Este proyecto, en formato de taller, tiene por objeto generar instancias de reflexión a través de la sistematización e identificación de los distintos tipos de violencia contra la mujer, mediante la localización de experiencias personales o lugares/espacios simbólicos y referenciales, en una instancia segura de diálogo entre mujeres. En consecuencia, permite reconocer y verbalizar los episodios de violencia reconocidos y/o vividos en el territorio y que han sido invisibilizados en menoscabo de la autonomía de las mujeres en distintas dimensiones: simbólica, física, psicológica, sexual, doméstica, patrimonial, económica, mediática e institucional.


Así, la cartografía se vuelve una herramienta gráfica que consigue materializar los relatos de quienes participan, evidenciando colectiva y visualmente las violencias que experimentamos en nuestros cuerpos y territorios. Esperamos lograr articular este instrumento como una metodología posible de visualización y reflexión, replicable a distintos espacios, para mujeres de diversas realidades sociales.

En el mes de octubre realizamos la primera experiencia del Taller, la cual nos permitió incorporar una serie de reflexiones colectivas respecto a la violencia patriarcal y sus representaciones varias, en el espacio público y privado, derivadas de nuestra observación del desenvolvimiento del ejercicio de mapeo, como de los comentarios que nos fueron hechos por las participantes al final de la experiencia. Al respecto, lo primero que notamos es que el ejercicio y su fluidez depende netamente del involucramiento de las participantes con la instancia. En este sentido, las palabras y experiencias de las demás funcionan como un estímulo colectivo, que asienta la sensación de seguridad necesaria para abrirse y participar.


Uno de los desafíos, pero que entendemos como una posibilidad, es la contradicción que puede resultar de la potencia de la construcción colectiva de un objeto, pero que su vez recoge y representa vivencias de sufrimiento o rabia. Esta potencia está dada en un diálogo que va mostrando convergencias y validando experiencias compartidas, además de la posibilidad de visualizar con mayor claridad, y en conjunto, los modos a través de los cuales la ciudad nos afecta, los que fueron descritos como: constitutiva y reiterativamente violentos. Dicho esto, rememorar episodios de violencia requiere de espacios seguros y de contención feminista.

Finalmente se observó la aparición de reflexiones compartidas respecto a las diferencias constatables de la experiencia situada de las mujeres de la ciudad. Así, surgieron discusiones sobre vivencias marcadas por la edad -relación madre e hija afectada por aprehensiones con origen en la violencia urbana-, la clase social -posibilidad de acceso a transportes más o menos seguros- y la locación -en cuanto las violencias en zonas periféricas difieren de las que se viven en las centrales. Estas reflexiones fueron acogidas por todas, encontrando un espacio para desenvolverse.


De esta forma, el taller de Cartografías de Violencia viene a constituirse como un ejercicio útil en cuanto a su valor técnico y de investigación. Esto, ya que trabajamos mediante metodologías de mapeo colectivo, en una instancia de levantamiento cuantitativo, de puntos focales de violencia, y cualitativo, en la recolección de historias y argumentos. Siendo su valor más relevante, el ser una instancia de visualización de las opresiones patriarcales en la ciudad.

Para las mujeres participantes puede ser duro el ver y reflexionar respecto a la cantidad de violencias a las cuales se exponen en sus caminos. Pero, sin duda, es empoderador en cuanto caen en cuenta de que no están solas, ya que en la misma sala hay compañeras que, como ellas, son víctimas y están dispuestas a trabajar en configurar la ciudad como un espacio donde tengamos cabida, es decir, una ciudad nuestra.


Referencias:

- Rita Segato (2006), La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez: Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado., México DF, Universidad del Claustro de Sor Juana.

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