¿Es la Arquitectura cómplice de la pandemia? Reflexiones (Críticas) sobre su rol y crisis.


Carla Karina Rojas Rojas

carlarojasr4@gmail.com

Lina María Arias Saldaña

l.mas0710@gmail.com

Sandra Melissa Nava Camargo

same.arq39@gmail.com


Integrantes del Seminario de Arquitectura(s) Feminista(s) 2020-02 UNAM.


Ciudad de México, 01 de Junio del 2020



Esperamos mucho de los nuevos edificios y muy poco de nosotros mismos.”

Jane Jacobs

Mucho se ha hablado en los últimos meses de la nueva normalidad a partir de la contingencia de salud que estamos viviendo, al parecer nos encontramos en un momento histórico que evidencia crudamente que el Urbanismo y la Arquitectura no tienen ni pies ni cabeza desde hace algunas décadas. Pies para haber comprendido ayer, la imperiosa necesidad de un urbanismo que se involucre en la planeación y política urbana de las ciudades en beneficio de la sociedad; cabeza para respetar y promover tanto el derecho a la ciudad como a la vivienda desde una perspectiva de género, donde nuestras diferencias no se transformen en desigualdades espaciales.

Por esta razón el panorama de la pandemia se vive y se transita de distintas maneras. En la ciudad existen lugares más proclives al contagio, como lo son los barrios marginados, y no es necesario profundizar para saber por qué ocurre esto; en primer lugar la escasez del agua y la falta de infraestructura urbana como hospitales y centros de atención médica, juegan un papel relevante, tanto en la evidente desigualdad territorial como en lamentables pérdidas humanas. Por otra parte tampoco se experimenta por igual el confinamiento en la vivienda, ya que se evidencia que la carga de trabajo en las mujeres se triplicó, además las personas ancianas, discapacitadas e infantes habitan la casa de manera atípica, y necesitan cuidados que han sido asignados cultural, social e históricamente a lo femenino. Por ello, sería imprescindible señalar las prácticas, saberes y conductas que nos condujeron hasta aquí, al crítico contexto actual.

Podemos empezar hablando sobre el aprendizaje académico y la praxis en el campo laboral, como dos formas diversas de abordar las problemáticas espaciales, una parte de la realidad inmediata y la otra de suposiciones en ejercicios teórico-críticos. De modo que en los espacios académicos, la reflexión sobre las diferentes realidades que nos atraviesan y que configuran la complejidad en que habitamos tanto el espacio público como el privado es una constante, pero en virtud de las circunstancias actuales podemos concluir que no ha sido suficiente. ¿La teoría no se practicó en los contextos reales o el sistema imposibilitó gestionar adecuadamente los espacios?

Ciertamente, existe algo en común entre el ambiente laboral y el académico, ambos mantienen un sesgo de género; reproducido a través de la historia por el sistema operante. En esta disciplina se intensifica e inculca en las aulas donde se normaliza y resalta esta visión de ciudad sesgada, es decir, una visión que no contempla las diferentes etapas de la vida así como los cuidados que todas las personas en algún punto requerimos, los diferentes cuerpos, a las mujeres y sus traslados. Esta fisura en el sistema esconde una gran problemática aún invisibilizada en las facultades, pero que se relaciona con la situación actual. La ciudad y la vivienda se han convertido en un producto más de la globalización económica y por ello no responden a la contingencia; el capitalismo no considera los cuidados de la vida al centro del diseño de espacios.

La revisión y el análisis de las espacialidades desde la teoría feminista, nos muestra que las ciudades y sus componentes se han modelado bajo un ideal patriarcal que ha demostrado poca preocupación en el bienestar de las personas y del hábitat natural. Llevamos mucho tiempo desvelando la falsa neutralidad y universalidad en la transmisión de conocimientos (Muxí, 2018), así como luchando con los problemas que se han derivado de esto. Pese a estas imparcialidades, muchas personas afirman hasta el día de hoy que, por una pandemia, la humanidad por fin está despertando. ¿Es posible despertar en medio de brechas sociales tan amplias? ¿Cómo hacerlo si el sistema ha adoctrinado en función de un individualismo? Es aquí donde las prácticas de lo colectivo, de lo comunitario a escala barrial, surgen como respuesta ante el frágil sistema capitalista que cimentó la ciudad.

A pesar de que la ciudad sesgada ha sido un tema constante a lo largo de la historia, y que los territorios europeos y norteamericanos han evolucionado de manera diferente a los latinoamericanos, asiáticos, africanos y del medio oriente; cuando hablamos de los problemas de las ciudades contemporáneas, nos posicionamos específicamente desde una época moderna (1920’s) en la que se intensificaron las brechas sociales a través de los nuevos modelos globales, entre ellos planes urbanos y arquitectónicos, que intentaron responder ante el crecimiento exponencial de la población. Es desde este punto que se observa una lucha constante entre lo que debería ser el espacio público y el espacio privado. Uno de los ejemplos más claros de este fenómeno, es que el espacio público perdió deliberadamente la conquista territorial ante el automóvil, colocándolo como elemento principal de la modernización de la ciudad. En consecuencia, en estos momentos donde hay que mantener distancias entre una persona y otra para evitar la propagación del virus, resulta complicado tomar esta medida sin invadir el “espacio NO peatonal” si es que se cuenta con una delimitación marcada del mismo ya sea con banquetas o con señalización.

Hoy en día, podríamos hablar de otras figuras que han desplazado al espacio público, o incluso privatizado el mismo, y que son completamente aceptadas por la sociedad, como los centros comerciales o parques temáticos, que en su concepción inicial parecían ser completamente inofensivos; sin embargo, con el paso del tiempo nos percatamos de la exclusión social que generan, la promoción de la idea de un espacio público exclusivo de consumo, entre otras cosas; que provocan la pérdida paulatina de derechos humanos.

Bajo este ideal, las megalópolis modernas con inmensas autopistas, aeropuertos, monopolios mercantiles e industriales, dotaban la posibilidad de alcanzar el anhelado progreso ofertado por el nuevo sistema económico mundial. Este sistema olvidará que la ciudad y sus vías deben ser para personas diversas, por lo que producirá las rutas físicas de movilidad para masas, divididas en estratos sociales completamente ajenos a su libre diversidad, y que sustentarán la vida misma dentro de la urbe; poniendo además, la rapidez de los traslados por encima de las actividades peatonales; es decir, lo productivo sobre lo reproductivo.

Curiosamente ese progreso ha llegado junto con un costo irreparable del medio físico natural, como lo es el cambio climático. Hemos tenido numerosas consecuencias de tal invasión y destrucción del hábitat natural, pero ninguna había traspasado y vulnerado tanto nuestras vidas (patriarcales y capitalistas de megalópolis) como lo ha hecho esta pandemia. Ahora bien, a pesar de que se informa que (a través de la pandemia) el planeta ha podido descansar, ¿qué costo tendrá que pagar la naturaleza?, ¿el estar recluidos nos exime de las responsabilidades ambientales resultantes de esta contingencia? Porque el sistema sigue existiendo, moviéndose y consumiendo recursos, nosotres hemos parado pero el sistema no.

Y es ahora cuando dentro del confinamiento en la vivienda (en el privilegio que otorga tener un espacio de resguardo), numerosos artículos, videoconferencias sobre la ciudad y la vivienda post-pandemia, surgen como alcantarillado de aguas negras desbordado. ¿Cómo es que se puede hablar de vivienda y ciudad post-pandemia, si aún estamos en la pandemia? Hay quienes dirán que el carácter profesional de la arquitectura y el urbanismo es precisamente la facultad de poder vislumbrar escenarios, tener la capacidad de diseñar el espacio en el imaginario y luego materializarlo; sin embargo, ¿no ha sido esta idealización sobre las capacidades que posee el arquitecto-urbanista, (varón, blanco, heterosexual, conservador, con trabajo estable, dotado de conocimiento, saludable…etc.) lo que mantiene en complicidad a la arquitectura y el urbanismo, con la problemática actual mundial? Este cuestionamiento explícito, por supuesto implica el análisis del androcentrismo, particularmente inmerso en nuestras disciplinas, sin negar que exista en las demás, puesto que las experiencias, descubrimientos y aportaciones de las mujeres han sido tanto borradas como olvidadas de la historia, además de apoderadas por parte de los sectores dominantes en todas sus ramas o vertientes.

El problema es que desde esta línea vertical, seguimos pensando que la planeación urbana (arquitectura, urbanismo, paisaje, etc.) es un ente todopoderoso transformador de realidades. Se sigue viendo a la planeación y a los profesionales de esta, de un modo en el que parece prácticamente imposible adquirir una responsabilidad compartida y por ende, comportarse como tal: no sólo como expertos, sino como ciudadanos. Además, debido al sistema que mencionamos con anterioridad, se buscan soluciones rápidas a problemas muy profundos.

Un ejemplo claro del fracaso de esta visión, es que a pesar de que se conocen testimonios de habitantes que se han quejado acerca de ciertos proyectos construidos, no se han atendido estos reclamos y los diseños han permanecido intactos sin importar la incomodidad de las personas; como si la autoría fuese más importante que el habitar. Y es aquí donde el habitar se rebela a las reglas arquitectónicas y al origen del diseño, produciéndose así nuevas formas y espacialidades dentro de estos diseños que en su mayoría se encuentran descontextualizados y regidos a partir de un sistema económico donde su fin último es la ganancia; olvidando la calidad y el confort. Se habla de las nuevas ciudades sostenibles, pero no se concibe el reciclaje urbano; sin embargo, quienes históricamente han re-adaptado los espacios públicos son los mismos ciudadanos, donde se encuentra un número considerable de mujeres más interesadas por estos cambios.

Y si se revisa el propio seguimiento de los proyectos realizados, ¿cuántos expertos regresan a preguntar a los habitantes su satisfacción con lo diseñado? No se entiende de re-adaptación espacial porque ni siquiera se piensa que lo hecho, tal vez no cumple el propósito de quien habita. Y mientras tanto, se genera un alto porcentaje de abandono de viviendas incapaces de cubrir las necesidades básicas de las personas, así como espacios públicos subutilizados que enfatizan la segregación social.

Este discurso, dicho sea de paso, se sigue perpetuando en las aulas de universidades públicas y privadas dedicadas al diseño de espacios, un discurso viejo e impuesto que reprueba todo aquello que rompe con esta norma. Por eso, en la enseñanza se tendría que aceptar este sesgo de género, así como visibilizar las fisuras del sistema y desaprender las normas androcentristas del diseño. Comenzar a tejer redes de colaboración tanto entre colegas, como con otras áreas de conocimiento, además de redes de participación colectiva con las comunidades y barrios. Y así, detener la competitividad que ha desaparecido la tolerancia e inclusión de nuestras diferencias; trabajar desde lo colectivo sería lo primordial.

Es urgente dejar de imaginar el futuro con soluciones globales (descontextualizadas, normadas y estandarizadas) que no hacen más que invadir e imponerse sobre los espacios de las poblaciones. Más allá de pensar en la ciudad post-pandemia, se debe pensar en la ciudad pandemia; observar cómo funcionan los espacios ante esta situación y analizarlos desde ahí, desde el dolor, la pérdida, la desigualdad; aceptando las consecuencias de lo creado, y recordando que no todos han regresado a producir desde los sitios reproductivos; las mujeres siempre han estado ahí. No hay nada más patriarcal que comenzar a imaginar un futuro incierto para ignorar la realidad imperante que provoca esta contingencia.

Hay que empezar a hablar, reconocer, ver, diseñar y pensar el género desde el feminismo.

Referencias


Jacobs, J. The death and life of great american cities. Nueva York, 1961


Muxí, Z. Mujeres, casas y ciudad. Más allá del umbral. Barcelona, 2018


Ciocoletto, A. Espacios para la vida cotidiana. Auditoría de calidad urbana con perspectiva de género. Barcelona: Col.lectiu Punt 6, 2014


Velayos, C. Barrios, O. Figueruelo, Á. López, T. (eds) Feminismo Ecológico: Estudios multidisciplinares de género. Salamanca: Centros de estudios de la mujer, Universidad de Salamanca, 2007


Williams, K. Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics. Chicago: University of Chicago Legal Forum, 1989.


Massolo, A. Las Mujeres y el Hábitat Popular: ¿cooperación para la

sobrevivencia o para el desarrollo? Anuario de Hojas de Warmi. Cooperación, Feminismo y

Desarrollo en América Latina, 1999.



Álvarez, B. Sobra coche en las ciudades. Nortes, 2020. Recuperado el 15 de mayo de 2020 desde:

https://www.nortes.me/2020/05/13/a-las-ciudades-les-faltan-espacios-para-la-vida-y-les-sobran-espacios-de-consumo-y-transito/?fbclid=IwAR1hfClCt3fj4UMdMGSIjb2WCG6nHryU_V_wh93QLiTn_TTVhEHZIXMUi-w


Huete, N. Ciudades que no querían a las mujeres. Nexos, 2020. Recuperado el 15 de mayo de 2020 desde:

https://www.nexos.com.mx/?p=47499


Fausto, A. Rábago, J. ¿Vacíos urbanos o vacíos de poder metropolitano? Madrid: Instituto Juan de Herrera, 2001. Recuperado el 23 de mayo de 2020 desde:

http://habitat.aq.upm.es/boletin/n21/aafau.html


Valdivia, B. Del urbanismo androcéntrico a la ciudad cuidadora. Hábitat y Sociedad, 2018, pp. 65-84. Recuperado el 25 de mayo de 2020 desde:

http://www.punt6.org/wp-content/uploads/2016/09/DelUrbanismoAndroc%C3%A9ntricoalaciudadCuiadora.pdf


No hay eventos próximos en este momento