Acoyani Adame "Tenemos una infraestructura urbana que no potencia la cultura del caminar".

Arquitecta Méxicana, Magister en Desarrollo Urbano de la Pontificia Universidad Católica de Chile y activista de la caminabilidad parte del grupo Liga Peatonal, conversó con Ciudad Feminista sobre mujeres, caminabilidad segura e infraestructura urbana para la vida cotidiana.



La Liga Peatonal es una ONG méxicana que trabaja temas de caminabilidad para pensar y hacer ciudades más caminables, teniendo el foco en la sustentabilidad. Para ello trabajamos desde distintos frentes, por ejemplo, asesoramos a funcionarios/as de los municipios sensibilizandolos e invitandolos a reflexionar sobre las condiciones que debería tener una caminata en sus ciudades.


En México tenemos muchos problemas de infraestructura de vereda, por ello estamos trabajando en un proyecto para diseñar veredas con la comunidad, y con los funcionario públicos vinculados a este trabajo, generando metodologías como las “caminatas sensibles”. Ademas, tenemos campañas por “no más puentes anti peatonales”, que en Chile se llaman pasarelas. Pensamos que es una infraestructura totalmente obsoleta, no está dirigida a nadie más que a la automovilización de la ciudad. De a poco hemos logrado eliminar algunos puentes y que se cambien a cruces a pasos a nivel. Claro, estas campañas orientadas a la infraestructura, pero también está nuestra labor de sensibilizar y educar y eso lo hacemos en foros y generamos manuales.


Caminar no se reconoce como una forma de transporte, que se liga a otros modos de transporte y por ello requiere una infraestructura, requiere condiciones que no serán iguales en el centro que en la periferia. Caminar tiene un motivo, tiene un destino, y también te da otros ojos y otra escala de cómo sentir la ciudad, caminar para mi es como hilvanar, como dar continuidad en la ciudad.


¿Cómo entender a la ciudad? y respondo “caminándola” y hay que empezar a ver a la caminata como un medio de transporte que requiere la atención igual que el transporte público, el metro y el Transansantiago en el caso de Chile. A los planificadores urbanos eso se les ha olvidado, ya que hay condiciones bien distintas de caminata para mujeres, para niños, para adultos mayores, para personas con alguna discapacidad. También el hecho de que la caminata se vea como casi un acto universal, no es cierto, o más bien es injusto, como se piensa que todo el mundo puede caminar y en las mismas condiciones.

La mayor diferencia es moverse y caminar en la periferia ya que la infraestructura es muy distinta en un barrio como Providencia, donde existen avenidas primarias, hay pasos a nivel peatonal y semáforos peatonales que están funcionando, versus comunas como El Bosque, donde hay muy pocos pasos y semáforos peatonales.


Así la mala infraestructura urbana no potencia la cultura del caminar. En la periferia las mujeres, por su cadena de viaje, la caminata es considerada como algo que exigiría el doble de esfuerzo, por ejemplo, en una cadena de viaje de una mujer que tiene que usar todos los modos de transporte en una ciudad, va a evitar caminar y prefiere esperar la micro y pagar un poco más interviniendo en su presupuesto de traslado. Otro aspecto importante es evidenciar qué pasa con el tema de los torniquetes, es una infraestructura que no tiene perspectiva de género ni accede a identificar los cuerpos diferentes. Son cuestiones que nos afectan a todas en el cotidiano y hay que impulsar la discusión.


Mi acercamiento con el género fue entender que las mujeres nos movemos distinto. Lo que vi en mi trabajo de campo era que las mujeres de Providencia podían caminar en condiciones más seguras, gastando cero peso, pudiendo tener mucho más presupuesto para la movilidad, pero no lo gastaban porque tenían todo cerca. Al contrario de las mujeres en El Bosque, quienes gastan el doble o el triple de lo que gastan las mujeres en Providencia, ya que evitaban caminar en su comuna pues no sienten afecto ni tranquilidad por sus calles.


Es muy importante articular la movilidad con las redes de transporte, entonces uso el término de redistribución y reconocimiento de que las mujeres ya caminamos, de hecho, somos las que más caminamos en las labores del cuidado, la mayoría de los viajes de las mujeres no tienen un origen y un destino lineal como los patrones de viaje del hombre, sino que tenemos más viajes y con distintas paradas y acciones.

En la auditorías de género que hemos realizado , evaluamos si el espacio te invitaba a hacer actividades del cuidado, entendidas, por ejemplo, una madre tiene que amamantar a su hijo, ejemplo en Providencia me decían, bueno aquí hay infraestructura, si vas caminando y te quieres sentar sí, pero ese mobiliario y esa infraestructura ¿está pensada para el cuidado o no? nunca hemos visto una mujer amamantando allí ¿para quién está pensada esa infraestructura? la respuesta es para un sujeto universal eurocéntrico.

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