2 de Marzo Día Mundial del Agua: agua para la vida y los territorios

Actualizado: jun 4

Por Valentina Pineda


Hoy, 22 de marzo, conmemoramos el día del agua reflexionando sobre la importancia de este elemento vital y el contexto en el que nos encontramos tanto a nivel global como en Chile.


El agua constituye una de las bases materiales mas imprescindibles para la vida. No sólo para las personas, sino para todo un sistema ecológico que nos contiene y nos permite existir. Ésta, varía en función de diversos factores y su disponibilidad no es homogénea en todo el globo, sin embargo, en muchos lugares, independiente de aquello se consume a un nivel que la naturaleza no es capaz de regenerar.


Traspasamos el límite biogeofísico del agua y a pesar de estar inmersos en una crisis climática y una sequía que se hace cada vez más inminente y grave en ciertos territorios, la humanidad aun no se ha hecho cargo de terminar con su principal amenaza: el modelo socioeconómico capitalista. Aquel que pareciera le declaró la guerra a la vida hace tantos años y que hoy sólo se las ingenia para seguir depredando y consumiendo territorios que le permitan un beneficio económico.


Por otro lado, la falsa ilusión de independencia sobre las bases materiales que sostienen la vida se sustenta en el paradigma antropocentrista que pretende hacer ver a la naturaleza como si su existencia fuera sólo para satisfacer nuestro propio consumo.



Ese desequilibrio es hoy el que nos pone en riesgo y que, además, en el caso de Chile, implica un acceso desigual y totalmente injusto, donde plantaciones de monocultivo tienen más derechos a tener agua que un pueblo completo, o donde la minería consume y contamina aguas en contextos de estrés hídrico siendo una amenaza inmensa para la vida humana y no humana.


La economía capitalista no sólo depreda, saquea y degrada los territorios, también se apropia de nuestros tiempos, de nuestros cuerpos y de toda la vida humana, poniendo en crisis los cuidados como seres dependientes y dejando en evidencia la explotación de las mujeres en un contexto de sistema patriarcal y de división sexual del trabajo.


Son las mujeres, históricamente, quienes nos hemos hecho cargo de mantener el bienestar de nuestras familias y comunidades, implicando un peso aun más grande cuando vemos puesto en riesgo la reproducción social en condiciones básicas como tener agua para beber.


Hoy, en un contexto de pandemia global y crisis local, la necesidad de identificar aquellos elementos que son imprescindibles para vivir se hace fundamental. Cuestionarnos la forma de vida que llevamos y las decisiones políticas, económicas y sociales que toma la clase política es importante para pensar en un horizonte común que no sólo nos permita salir de esta crisis, sino que además sea resiliente e incorpore el aprendizaje de haber atravesado una situación de esta envergadura.


Chile es el único país en el mundo donde el agua está privatizada por medio de un código de aguas promulgado en dictadura, que no prioriza el agua como elemento indispensable para la vida en su nivel más integro, ni tampoco la define como un derecho humano. Creemos que la derogación del código de aguas es un hecho indispensable para avanzar a una sociedad más justa y que asegure la mantención de la vida para todas y todos como un derecho inalienable.


El agua es el elemento más básico de un ciclo de vida del cual somos parte. Sólo el reconocimiento de que somos ecodependientes, interdependientes y vulnerables, nos permitirá pensar en formas de vida que dialoguen de manera armónica con nuestros territorios y los comprenda ecosistémicamente de manera integral.


Hoy nos encontramos en un momento histórico, ad-portas de un proceso constituyente que puede cambiar las reglas del juego en nuestro país. Es aquí donde creemos que tales valores deben ser incorporados, estableciendo que la naturaleza debe ser sujeta de derechos y declarando el agua como un derecho humano.


Aquello nos lleva a cuestionar un paradigma mucho mayor y revisar otras formas de vivir y producir abastecimiento para la vida humana. Algunas alternativas como la agroecología y el ecofeminismo pueden ser propuestas y prácticas concretas que nos permitan transitar de una economía capitalista neoliberal, dependiente del extractivismo y la agroindustria, a prácticas económicas, ecológicas, políticas y sociales, basadas en el apoyo mutuo, el cooperativismo y, que por sobre todas las cosas, tenga la capacidad de colocar la vida en el centro.



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